La Felicidad

LA FELICIDAD NO CAE DEL CIELO

 

 

 

Llevo años estudiando la felicidad, y una de las principales conclusiones a las que he llegado es que existe muy poca relación entre las circunstancias en que uno vive su felicidad.

 

Basta reflexionar un instante para comprenderlo.  Todos conocemos gente infeliz que lleva una vida relativamente fácil, y gente dichosa que ha sufrido horrores.

 

Cualquiera puede ser infeliz; no se necesita valor ni esfuerzo.  Lo verdaderamente meritorio es luchar por ser feliz.  Es un combate que uno debe ganar; no un sentimiento que se espera con los brazos cruzados.

 

 

 

La gente suele compararse con otros, sobre todo con personas a las que considera más felices.  En cierta ocasión traté a un joven que me dejó boquiabierto.  Me contó cuánto amaba a su bella esposa y a sus hijas y cuánto le fascinaba su labor y la ciudad en que vivía.  Es uno de los pocos afortunados a quienes todo le sale bien sin mover un dedo, pensé.  Entonces empezamos a hablar de Internet.  Me dijo que, gracias a eso, podía obtener información sobre la terrible esclerosis múltiple que padecía su esposa.  ¡Y yo, creyendo que nunca había probado la tristeza!

 

 

 

Casi todos tenemos un concepto ideal de la vida que perturba la felicidad.  Tal como me sucedió cuando me divorcié.  Nadie en mi familia se había divorciado.  Y el día que lo hice, mi mundo se vino abajo.  Había fracasado.  Más tarde volví a casarme y le confesé a Fran, mi esposa, que no podía quitarme de encima el sentimiento de fracaso.  Ella me preguntó qué había de malo en nuestra familia.  Debía reconocer que, aparte del dolor de no ver a mi hijo tanto como quisiera, nuestra vida era maravillosa.  Entonces me di cuenta que debía sacar de mi cabeza ese concepto de la "familia perfecta".

 

 

 

Nada mejor para sabotear su felicidad que obsesionarse hasta por las mínimas fallas.  Por ejemplo, cuando vea un tejado, fíjese solamente en el hueco de la única teja faltante.  Pero una vez identificada su teja faltante, pregúntese si tenerla en realidad lo hará feliz.  Entonces tome uno de estos tres caminos: consígala, sustitúyala u olvídese de ella y concéntrese en las tejas que no le faltan.

 

 

 

Usted decide: si resuelve fijarse en lo positivo de todo, será bienaventurado; si, en cambio, resuelve fijarse en lo negativos, será desdichado.

Dennis Prager

Abril 18.